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Juana de Oro

 Rosa Maria Chango, como todos los días, lavaba ropa en el arroyo de agua cristalina que bajaba de la montaña para regar los campos de Chipzalata (Antiguo nombre de la Parroquia Atahualpa). Su marido Toribio, mientras tanto, trabajaba en el campo; Los niños quedaban solos en la casa.

Uno de esos días en que la mujer realizaba su ingrato trabajo fue cuando oyó pasos furtivos en la maleza. Se volvió casi instintivamente con la rapidez que produce el temor y se llenó de asombro al encontrarse frente a una alta y hermosa mujer que llevaba un collar de corales de tres vueltas, blusa blanca adornada de mariposas azules y una falda amplia.

  Y según un documento que se encuentra en la Tenencia Política de la parroquia de Atahualpa (provincia del Tungurahua), se originó el siguiente diálogo:

  "¿Quién eres? ¿De dónde vienes? preguntó María Rosa al ver acercar­se a la desconocida. Esta sonrió, su sonrisa era dulce y de extrañeza a la vez: en sus mejillas un par de hoyuelos daban más gracia a su cara.

 ¿Cómo? ¿No me conoces? A ti debo preguntarte de dónde vienes y quién eres, porque no eres de aquí.

 Vivo abajo, en el caserío Chipzalata y vengo siempre a lavar, porque allá no hay agua.

 Lo sé, son muchos días que lavas aquí y yo te he visto, porque todo lo que sucede en la Loma de  Macasto que es mi dominio, no me es extraño. Me llaman Juanita de Oro y como podrás ver, tengo la  juventud eterna que da este metal, su brillo y su belleza, y, además soy propietaria de los manantiales. Desde hoy en adelante prohíbo que laves aquí y te pases días enteros sin ver a tus dos longuitos, pues siempre los dejas abandonados. Para compensarte, enviaré un manantial cerca de tu casa y así no tendrás que venir aquí".

Dicho esto, la mujer desapareció y Rosa María corrió a su casa a contarle a su esposo lo que había sucedido. Este incrédulo y burlesco, la envió nuevamente al día siguiente en contra de su voluntad a lavar ropa al arroyuelo. Volvió a aparecer la bella mujer quien manifestó que si regresaba al lugar, secaría el agua y desviarla su cauce por un curso subterráneo. Y otra vez Toribio Chango dudó de la versión pensando en que los habitantes de la loma trataban de impedir que Rosa María ocupase el agua: "Mañana te acompañaré a ver a Juanita de Oro. ¡Malditos!  nos  impiden  lavar",  fue lo que dijo y como estuviera borracho, se puso a dormir. Y soñó que Juanita le amonestaba y le decía que por su culpa iba a secar el arroyo. Cuando al día siguiente el hombre subió acompañado de Rosa María al lugar, comprobaron que no había una sola gota de agua. Desde entonces la loma de Macasto está seca.

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